13 febrero, 2010

Dios, no tengo nombre. Hoy me he despertado con una seguidilla de cuervos picoteándome la frente.

13 septiembre, 2009

A1
Es el principio del último de los finales, de mis finales

23 septiembre, 2008

Incertidumbre


Ha escurrido un llanto,

Se ha desatado un tormento devorador intransigente,

Se han plantado a mansalva una serie de enigmas

Y hay una caída eterna de momentos disipados, engullidos y regurgitados

Y se han hecho celebre espacio en este momento que sabe a lenguas encadenadas.


Yo he sido sorda tantas veces, he faltado en palabra a la vida,

He renegado inútilmente a mi andar vacío

Sin llegar a llenar mis bolsillos de agua bendita.

He dejado que cada una de mis niñas se malcríe con el devenir del tiempo,

Que cada una sea pájaro viajero de tierra en tierra.

Huérfanas de cara sucia.


Es por esto que se ha levantado un lienzo blanco,

Pulcro de extremo a extremo.

Y el puño tiembla cuando sabe que se alza bajo una verdad emergente,

De brisa perdida, un velo rasgado de inconsciente llanto.

He de partir, entonces, y desde el primer trazo han de bailar los colores

Para descifrar en formas lo que hasta entonces era un millar de vidrios rotos.


Y a pesar de la torpeza de mis manos y las suyas,

Se que debemos juntarlas una por una, para armar este enigma.

A pesar de la caiga, a pesar de la escalada.

Por que este torbellino no sabe de muertes,

No sabe de glorias, ni mucho menos de bendiciones.

Este huracán de piernas largas, esta jugando conmigo

Y a pesar de tener la posibilidad de caer en el, de perder el control,

Y no hallar las últimas piezas del puzle,

La conclusión será la que ya se planto entre la incertidumbre.


Esta conclusión no sabe de muertes, ni de glorias, ni de bendiciones.

La conclusión esta tomada antes de emprender el inicio.


Foto: James Nachtway

12 mayo, 2008

Sin envergadura


Había ido al cine a ver una película con un amigo y nuevamente se sentía defraudada frente al amor. Tomó el metro y se subió al carro pensando en que nunca más se enamoraría, creyendo que ya era suficiente lo que había sufrido en su desencantada adolescencia, fue entonces cuando lo vio, de pie, apoyado sobre el respaldo de un asiento, con su rostro mirando hacia fuera. Se acerco al sujeto, lo miró y él, al percatarse, repitió el acto en viceversa y así de estación en estación se miraron como buscando algo. Él se alisto para bajarse, de su mirada se desprendió algo así como una despedida y salio del carro, entonces ella sintió la vehemente necesidad de correr tras él y en el momento exacto en que las puertas se cerraban decidió bajar, lo siguió hasta llegar a la calle, él se volteó para verla, como si se hubiese percatado de su presencia, ella corrió tras él, pero en ese momento dudo más de un minuto, su cabeza se pobló de imágenes grises, de dudas disipadas, pero hubo tan sólo una esperanza y esa la hizo dar dos pasos y levantar la mirada hacia ese encuentro fortuito mas la oscuridad de la noche y el mar de gente que se reúne en las grandes avenidas, atrapó al sujeto en su ola, devorándolo, haciéndolo desaparecer, haciéndole perder la última esperanza de esa noche.

Junio de 2007 Foto.
Julia Fullerton-Batten.

21 abril, 2008

( )


Palabras y sólo palabras
Bailando desaforadas
Pisando y escupiendo estacas
Ardientes estacas sobre almas cubiertas de nostalgia incandescente
Palabras volátiles que se elevan alto como consignas de despedida
Foto: Sam Francis Edge

27 febrero, 2008

Discordia



.............- Action! Action!

Yo siempre le oía decir a la distancia. La ira y el dolor se colaban por su piel sofocada de lágrimas y el resplandor solía ser una solución segura para calmar un sentir brutalmente agobiante.
¡Hoy siente tanto! Las piezas caen y las niñas de su alma corren a armar el gemido de imágenes que la destruyen…

............ - Ella, a la distancia, me escucha, me lame, me respira mas no me comprende y salgo gritando con las manos atadas a la amargura.

Se endurecen sus labios, se condensa la sonrisa casi infinita y se cuelan a sus pupilas las malditas manchas que destruyen la vida a puntapiés de lagrimones.
De pronto la llama del útero le trae de regreso lo perdido y el deseoso poder del rasgado se queda hundido en el placar de la cama manchada, entre las pesadillas de la noche pasada, entre los gemidos que nunca tendrán espacio en aquellas cinco paredes acolchadas de alucinaciones, de los pensamientos fundidos, perdidos. Vuestros pasos se atravesaron en el mundo descaminado y tus encuentros no son los deseados.

- ¡Action!

Tan permanente y tan siniestro. Ella toma los rastros, limpia los espejos, pero sigue sumida en ese mismo dolor que no tiene explicaciones tornasoladas.

La mano derecha entre los cabellos, la mano izquierda rasgando la frente, la espalda encorvada, los muslos y rodillas juntas, mientras que los pies descalzos mantienen una distancia de cuarenta centímetros, el derecho vertiginoso, pero perfectamente apoyado, el izquierdo manteniendo contacto sólo con la punta de los dedos y todo esto sobre un inútil asiento acolchado, que solo permite sentir con menor intensidad el peso de los malditos músculos, tensos de tanto sufrimiento privado de explicaciones que coagulen con la zona madre.

Que más explicito que tiene suficientes ganas de detonar hasta hacer Action!...pero calma que las manecillas siempre dan sus infinitas vueltas buscando la jodida respuesta que no fuimos capaces de encontrar a la una con diez de la madrugada.



Diciembre 2007

22 diciembre, 2007

Un charco por letra (microcuento)


Era una cama pequeña, pero lo suficientemente espaciosa como para guardar entre sus sábanas coloridas dos cuerpos relativamente carentes de identidad. Su relación perezosa había sido tristemente rotulada, sometida al mismo manoseo de todas las parejas cocorocas. Eran como Todos, ante los ojos de estos Todos, por el mero hecho de haberse etiquetado, adjuntado a su unión simple un montón de letras sonantes que al completarse quedaban mudas, deshilachadas, desteñidas, y por el borde de las letras caía con desdén el pigmento negro.
Así la vida de ellos transcurría en la cotidianidad, al inicio, En La Dulce Cotidianidad, esa que es equivalente, por todos los costados, al fluir. Tenían una cierta conexión invisible, un indescifrable lazo, por donde manaba su comunicación, por donde viajaba sin obstrucciones hasta sus más sigilosos secretos de vida, sin pudores, sin tapujos.
Juntos jugaban a las mentiras, a inventar situaciones a años luz. Entonces ella le pedía que no lo hiciera, él le pedía que le creyera y ella generalmente terminaba llorando pidiendo perdón.
Lo miraba habitualmente atónita, perdida entre los espacios de los momentos vividos anteriormente, pues cada día que transcurría daba dos vueltas más al reloj. Cada día era equivalente a acumular escombros. Cada día se tiraban menos monedas. Cada día se desesperaba un poco más al preguntarse “donde”.
Él olvidó las palabras, las luces, los colores y encerrado entre cada fragmento de su piel amarilla se dedicó a enmantelar sus sonrisas.
Un día, de la pequeña cama apareció una boca enorme, cada diente de su amarilla dentadura era un presagio inherente, su lengua venía a saborear el último atardecer, el último llamado sordo. La boca era más que una asesina, era una llamada desesperada a la salvación, a la reinvención de almas desvanecidas.
Entonces pasó lo que generalmente pasa cuando se olvidan los signos. La boca partió por las sabanas secas, lamió con asco los caudales de enigmas, mordió las flores, los recuerdos, los boletos del teatro, el collar que él le había regalo en su cumpleaños, el pañuelo de lágrimas que ella había bordado para él, tardes de sol, tardes de lluvia, una serie de gritos claustrofóbicos, los niños fantasmas corriendo por el jardín de cartón, las voces al unísono, la luz brillando por sus cuerpos en la mañana…
Y de pronto, sólo quedó ella frente a él o él frente a ella, sin nada que decirse en un cuarto desmantelado

Foto.Residue of dream.Sally Gall